INTELIGENCIA EMOCIONAL
Daniel Goleman
La inteligencia emocional emerge como un predictor mucho más fuerte de quien sera mas exitoso, porque como nos controlamos a nosotros mismos.
Desafio de Aristoteles
Cuando los sociológicos buscan una explicación al relevante papel que la evolución la asignada a la emociones en el psiquismos humano, no dudan en destacar la preponderancia del corazón sobre la cabeza en los momentos realmente cruciales.
Son emociones las que más permiten enfrentar situaciones demasiado objeto a pesar de las frustraciones.
Las emociones en el cerebro
El diseño biológico que rige nuestro
espectro emocional no lleva cinco ni cincuenta generaciones evolucionando; se
trata de un sistema que está presente en nosotros desde hace más de cincuenta
mil generaciones y que ha contribuido, con demostrado éxito, a nuestra
supervivencia como especie. Por ello, no hay que sorprenderse si en muchas
ocasiones, frente a los complejos retos que nos presenta el mundo
contemporáneo, respondamos instintivamente con recursos emocionales adaptados a
las necesidades del Pleistoceno.
La inteligencia más allá del intelecto
Diversos estudios de largo plazo han ido observando las
vidas de los chicos que puntuaron más alto en las pruebas intelectivas o han
comparado sus niveles de satisfacción frente a ciertos indicadores (la felicidad,
el prestigio o el éxito laboral) con respecto a los promedios. Todos ellos han
puesto de relieve que el coeficiente intelectual apenas si representa un 20% de
los factores determinantes del éxito.
El 80% restante depende de otro tipo de variables, tales
como la clase social, la suerte y, en gran medida, la inteligencia emocional.
Así, la capacidad de motivarse a sí mismo, de perseverar en un empeño a pesar
de las frustraciones, de controlar los impulsos, diferir las gratificaciones,
regular los propios estados de ánimo, controlar la angustia y empatizar y
confiar en los demás parecen ser factores mucho más determinantes para la
consecución de una vida plena que las medidas del desempeño cognitivo.
Habilidad 1: autocontrol, el dominio de uno mismo
Los griegos llamaban sofrosyne a la virtud consistente en el cuidado y la inteligencia en el gobierno de la propia
vida; a su vez, los romanos y la iglesia cristiana primitiva
denominaban temperancia (templanza)
a la capacidad de contener el exceso emocional. La preocupación, pues, por
gobernarse a sí mismo y controlar impulsos y pasiones parece ir aparejada al
desarrollo de la vida en comunidad, pues una emoción excesivamente intensa o
que se prolongue más allá de lo prudente, pone en riesgo la propia estabilidad
y puede traer consecuencias nefastas.
Si de una parte somos esclavos de nuestra propia
naturaleza, y en ese sentido es muy escaso el control que podemos ejercer sobre
la forma en que nuestro cerebro responde a los estímulos y sobre su manera de
activar determinadas respuestas emocionales, por otra parte sí que podemos
ejercer algún control sobre la permanencia e intensidad de esos estados
emocionales.
Habilidad 2: el entusiasmo, la aptitud maestra para la vida
Por su poderosa influencia sobre todos los aspectos
de la vida de una persona, las emociones se encuentran en el centro de la
existencia; la habilidad del individuo para manejarlas actúa como un poderoso
predictor de su éxito en el futuro. La capacidad de pensar, de planificar,
concentrarse, solventar problemas, tomar decisiones y muchas otras actividades
cognitivas indispensables en la vida pueden verse entorpecidas o favorecidas
por nuestras emociones. Así pues, el equipaje emocional de una persona, junto a
su habilidad para controlar y manejar esas tendencias innatas, proveen los
límites de sus capacidades mentales y determinan los logros que podrá alcanzar
en la vida. Habilidades emocionales como el entusiasmo, el gusto por lo que se
hace o el optimismo representan unos estímulos ideales para el éxito. De ahí
que la inteligencia emocional constituya la aptitud maestra para la vida.
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